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Es un
trastorno psicosomático relacionado con la ingestión compulsiva de
pelo. Se presenta generalmente en la niñez, particularmente en
adolescentes. Sus primeras manifestaciones acontecen aproximadamente
de los 6 años pero su instalación como hábito según los
especialistas, ocurre alrededor de los 13, siendo su incidencia de
un 4% en la población total. Su constatación en la vida adulta se
vincula a psicopatías, manías o depresión profunda.
Este
trastorno habitualmente se acompaña de tricolomanía, proceso en el
que el individuo se arranca los pelos no solo de la cabeza sino
también pestañas, cejas e incluso vello púbico.
Si bien
en los niños puede corresponderse con situaciones de estrés, pérdida
de algún familiar o separación de los padres, existen estudios que
remiten a un origen neurobiógico, específicamente con el cerebelo
quien coordina las secuencias motoras. De este modo, algunos
especialistas lo relacionarían con las dificultades para detener
las conductas impulsivas que presentan estas personas.
Este
sustento es aún débil. La mayoría de los profesionales vinculan su
etiología en la asociación de la biología propia del trastorno y el
contexto en que la persona se desenvuelve. Habitualmente los
pacientes suelen negar la presencia de este hábito y por lo general
el mismo no es vivido en forma física como algo doloroso, los
pacientes mencionan a menudo sensación de alivio o gratificación
luego de retorcerlos, arrancarlos y digerirlos.
Con
frecuencia el lugar más visible corresponde a aquel donde la mano
muestra mayor dominio o fuerza aunque pueden utilizar sus dientes
cuando la cantidad de cabello es importante como asimismo emplear
elementos cortantes: pinzas, hojas de bisturí, etc.
Diagnóstico
Es
variado. En primer lugar, en la tricolomanía la modificación del
aspecto físico hace visible dicho trastorno. Aparecen superficies o
“lunares” donde el cabello es escaso o ha sido arrancado a escasos
centímetros de su crecimiento. Concurrentemente puede presentarse
anorexia, tensión muscular, alopecia con cicatrices, síndrome del
túnel carpiano por tracción, infecciones en el lugar de corte, etc.
Respecto
a los síntomas, las personas que ingieren su propio pelo suelen
presentar malestar general, plenitud gástrica, náuseas y vómitos.
Cuando el hábito es grave y ante condiciones de dismotilidad
gástrica, alteraciones en la mucosa o déficit de sustancias que
podrían metabolizar y despedir el pelo que la persona ha ingerido,
puede formarse un cuerpo denominado tricobezoar que puede
localizarse en el estómago y tomar parte del intestino produciendo
una seria obstrucción del tracto.
Los
hallazgos no digeribles de masas de pelo pueden verificarse a través
de la revisión de heces, ecografías, ultrasonografías o radiologías
con contraste.
En los
casos en que se produzca obstrucción, la reseccion quirurgica está
indicada. La misma debe ser seguida de dieta que proteja el área
gastrointestinal, medicación antiácida y psicoterapia.
Tratamiento
El
abordaje farmacológico no es aconsejable como enfoque único. En
primer lugar se debe considerar el análisis del contexto del
individuo y su probable desencadenante. Un examen nutricional y el
estudio de las creencias del grupo familiar también son
importantes.
Las
técnicas que suelen elegirse por su mayor aceptabilidad y
gratificación inmediatas son las relacionadas con la disminución de
stress, gimnasia aeróbica, natación, hipnosis, yoga, esto es,
aquellas que permiten ejercicios respiratorios que disminuyen la
ansiedad y permitan relajar los músculos.
Estas
pueden acompañarse de terapias conductuales individuales o grupales
que promuevan la remisión del hábito adquirido mediante el control
de impulsos o estímulos. Por ejemplo el inclinarse por un mejor
empleo del tiempo que compense la sensación de placer obtenida por
el ritual negativo, centrándose en labores que mantengan las manos
ocupadas.
En los
adolescentes esto suele requerir un verdadero entrenamiento. El
apoyo y constatación de testimonios de otras personas que padecen el
mismo trastorno suele ser efectivo, por este motivo las terapias
grupales han comenzado a crecer y abarcan el trastorno en forma
integral.
La
Psicoterapia es el abordaje de mayor incidencia en resultados
positivos. Implica la toma de conciencia de un hábito que suele
hacerse en forma mecánica y la modificación paulatina de los
sentimientos o patrones de conducta que lo desencadenan.
Respecto
al tratamiento farmacológico, el mismo difiere con la edad. Durante
el Periodo Preescolar: paroxetina, fluoxetina o clomipamina. En
niños en edad escolar: haloperidol, risperidona como los más
empleados.
Adultos:
se utilizan los bloqueantes recaptadotes de serotonina tales como
clomipramina, venlafaxina, sertralina y fluoxetina como los más
efectivos.
El
inicio de la toma es gradual requiere vigilancia médica ambulatoria
y suele esperarse entre 4 a 6 semanas para verificar algún progreso
o beneficio. Los inhibidores de recaptación de serotonina son los
más escogidos pues actúan en trastornos compulsivos. En la elección
desde luego se tienen en cuenta la aceptación y tolerancia del
individuo al fármaco seleccionado.
Es
importante comprender que estas “conductas repetitivas centradas en
el cuerpo” como las describe Bohne (2002) sean confrontadas a
tiempo, sobre todo en la etapa de la adolescencia ya que cuando se
adquiere una conducta obsesiva, el hábito suele tornar hacia la
cronicidad y su reversión es más difícil.
Por
todos los aspectos mencionados las terapias o abordajes no deben ser
aislados. Los enfoques deben ser sistémicos, involucrando factores
biológicos, sociológicos y psicológicos, lo cual implica la
colaboración indispensable del grupo familiar para evaluar su
participación en los tratamientos a seguir, interferir en su
instalación y evitar sus consecuencias.
Prof. Farm Silvia Chort
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