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Una llamada, la
urgencia y la ansiedad de una voz ronca.
Cosas de la vida,
tantos años sin hablarnos con Nacho. Nos encontramos en el barcito
de siempre, cerca de la Facu, allí donde compartimos el sueño de ser
médicos.
¡Qué felicidad ver al
amigo!, charlar como en otros tiempos no tan lejanos.
A medida que se
acercaba a la mesa, la imagen de Nacho era una sombra. Paso cansino,
despeinado, desprolijo, ojeroso.
El abrazo, una
sensación de que se aferraba a un salvavidas. El diálogo fue un
monólogo, fumaba sin pausa, fracasos matrimoniales, desprecio por la
profesión médica, recuerdos que se borraban y desaparecían.
Nacho se moría de a
poco.
La
palabra burnout proviene del inglés y se utilizaba en los
años 60´ para hacer referencia a los efectos que provocaban en la
persona el abuso crónico de las drogas. Los quemaba, incendiaba,
agotaba, dejaba fundidos.
En la década del 70´, el
psicólogo Herbert J. Freudenberger introdujo el término burnout
y lo explicó así: “Es fallar, desgastarse o sentirse exhausto debido
a las demandas excesivas de energía, fuerzas o recursos. Le sucede a
un miembro de la organización por distintas razones y luego de
muchos intentos, se vuelve inoperante”.
Un vaciamiento de sí
mismo es lo que siente el profesional.
Se trata de un estrés
crónico, propio de los profesionales de la salud cuya tarea implica
una atención intensa y prolongada a personas que están en una
situación de necesidad o de dependencia. El síndrome es consecuencia
de efectos estresantes que disponen al individuo a padecerlo y es
necesaria la presencia de interacciones humanas. El triple
agotamiento emocional, mental y físico es la base del síndrome y así
lo afirma la investigadora Christin Maslach de la Universidad de
Berkeley, que se encuentra entre las primeras que lo definieron.
El monólogo de Nacho
continuaba.
-Los pacientes se me
morían y yo no podía hacer nada. Faltaban insumos, ni hilo de sutura
había en el servicio. Llegaban con la plata justa para el colectivo
y no les quedaba casi nada para comprar remedios- balbuceaba.
-Los pibes
desnutridos que salvábamos, volvían a las pocas semanas en estado
deprimente. No podía seguir haciendo de funebrero.
El cansancio o
agotamiento emocional sobreviene luego de haber intentado
modificar la situación estresante, pero, habiendo fracasado en la
gestión hay una pérdida del atractivo que pudo tener en otro
momento, hay fatiga, pérdida progresiva de energía.
La despersonalización
es el núcleo del burnout y es la consecuencia del fracaso
frente a la fase anterior. El profesional trata de protegerse frente
a una sensación de impotencia, indefensión y desesperanza personal.
Va
perdiendo motivación hacia el trabajo, aparecen cambios negativos de
actitudes y respuestas de irritabilidad.
Otro rasgo es la
falta de realización personal, sucede cuando trabajar pierde el
valor que tenía para el sujeto: el profesional sucumbe, no puede
realizar más esfuerzos. Comienzan las respuestas negativas hacía sí
mismo.
Cuando el trabajador de
la salud está desgastado profesionalmente (resultado de una relación
negativa entre el lugar de trabajo, el equipo y los pacientes) la
tarea lo desborda, y queda agotada su capacidad de adaptación. Hay
sentimientos de impotencia y desesperanza con actitudes negativas
hacia el quehacer diario, la vida y el entorno.
Es la
sensación de no poder dar más de sí mismo, el sujeto se aísla de los
demás desarrollando una actitud impersonal hacia los pacientes, se
muestra cínico, distanciado,
los trata
despectivamente y los convierte en culpables de sus frustraciones.
Así se produce un descenso de su compromiso laboral, con una
influencia directa en la calidad prestacional.
Todo este fenómeno es un
proceso contínuo que constituye el paso final de una progresión de
tentativas frustradas para afrontar distintas condiciones
estresantes. Un tercio del tiempo que disfrutamos despiertos es
ocupado por el trabajo que a su vez determina el estilo de vida,
influye en la personalidad y predice la forma de morir.
-Durante años golpeé
todas las puertas…de los líderes que no lo eran, de los funcionarios
que utilizaban a la salud para hacer política, de los empresarios
que no emprendían. Supliqué a los colegas para que juntos cambiemos
ésta gestión sin final feliz. Pero nada.
Entre los
factores que pueden producir el Síndrome de Burnout se
estudian la edad, sexo, estado civil, horario laboral, antigüedad
profesional, sobrecarga laboral, salario. El doctor Juan C. Atance
Martinez, de la Dirección Provincial de Insalud de Guadalajara,
realizó en 1995 una investigación basándose en respuestas de 294
médicos sobre 22 preguntas del Inventario Burnout de Maslach, y
sugirió un perfil de riesgo para dichos profesionales, es
decir que tienen más posibilidades de sufrir del síndrome cuando: la
persona es de sexo femenino, , mayor de 44 años, separada,
divorciada o viuda, con más de 19 años de antigüedad profesional, y
tiene a su cargo entre 21 y 100 enfermos y trabajando entre 36 y 40
horas a la semana.
Hay gran
variabilidad de resultados a nivel internacional respecto a
porcentajes de afectados por el burnout en el campo médico:
Henderson (1984) 40 %, Orloski (1986) 60%, Deckard (1994) 50%,
Cuevas (1995) 60%.
Una investigación que
realicé en el año 2000 , utilizando encuesta por cuestionario en
base a 102 profesionales médicos de especialidades homogéneas que
cumplen sus funciones en hospitales y consultorios de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, dio resultados que se acercan a los
internacionales. El 66% indicaban la presencia de síntomas, el 10%
de los mismos presentaba grados severos de afección, es decir que
estaban agotados.
El alto
grado de profesionales impactados preocupa en todo lo relacionado
con la calidad de atención que brindan a sus pacientes ya que las
repercusiones son psicosomáticas, conductuales, emocionales y
psíquicas.
La fatiga, dolores de
cabeza, desórdenes menstruales, úlcera, ausentismo laboral,
conflictos familiares, conductas suicidas, abuso de fármacos y
alcohol, impaciencia, irritabilidad y la insatisfacción en el
trabajo son algunas facetas de las repercusiones sobre el trabajador
de la salud.
En áreas
como terapia intensiva, pacientes con sida, oncológicos, y
quemados, hay dolor y sufrimiento que se transforman en sobrecargas
traumáticas.
Los beneficios a largo
plazo del tratamiento son difíciles de conciliar con las reacciones
inmediatas del paciente y su sufrimiento diario.
La confrontación diaria
con el sufrimiento humano y en muchos casos la muerte, es una
amenaza que genera angustia y tristeza en el desempeño
profesional.
Un estudio realizado en
el Hospital General de Agudos “Ramos Mejía” (1998-2000) como parte
del proyecto “Estudio del Síndrome de Burnout en Hospital
Público” sobre las situaciones de trabajo que producen mayor nivel
de estrés, presentaba estos resultados:
70% situación de riesgo
de mala praxis.
53% situación de
desprotección social.
47% situación de
maltrato.
36% pacientes
terminales.
13% patologías
infecto-contagiosa.
En Estados Unidos, los
mayores niveles se refieren a la amenaza de mala praxis y son
similares a los niveles argentinos.
En España el primer
lugar lo ocupa la atención de enfermos de sida.
Durante la atención
médica, se desarrollan relaciones estrechas entre el personal de la
salud y los pacientes, pero, al perderse el interés hacia quien
necesita la ayuda, la actitud lo arrastra a una deficiencia en la
calidad de atención, lo cual es un hecho grave ya que las
necesidades del paciente no quedan satisfechas
El profesional termina
pensando en aislar sus emociones y proporcionar un cuidado frío y
mecánico. Es todo lo que puede dar de sí.
El paciente seguirá
enfermo, no se logró el beneficio del acto médico: curar.
Una sola vez alzó la
vista. Sus ojos azules habían perdido brillo, sus manos temblaban
cuanto trataba de sostener la cabeza sobre la espalda encorvada.
Los labios ajados y
resecos emitieron un gemido como pregunta:
-Ché hermano, ¿qué
seremos cuando vivamos?
Quiso esbozar una
sonrisa…se desplomó.
Murió en mis brazos,
junto a la mesa de nuestro cafetín, entre Marcelo T. y Paraguay
Como diría Nacho, se
vino la parca con la guadaña.
-Si, Nacho, se vino
el burnout.
Recomendaciones
La idea esencial es
entender que todos los factores que influyen en la actuación médica
deben tener como centro de atención el ser humano y no el
mercado, entonces se realizará una inversión y no un gasto.
La clave de la lucha es
disolver las causas que producen el burnout,
prevenir y no hacer hincapié en el tratamiento exclusivamente.
Se deber buscar la
oportunidad de seleccionar a la persona de acuerdo al perfil
humano y una auténtica vocación en el campo de la salud, aunque
desgraciadamente la voluntad no siempre se corresponde con la
idoneidad.
Condiciones de trabajo y remuneración lógica.
La posibilidad de contar
con grupos de apoyo mutuo en el trabajo, donde los
profesionales expresen sus sentimientos en relación con su labor,
reconociendo temores, inquietudes y quejas.
Crear una
política para la salud y no hacer de la salud una política.
El paciente es el motivo
principal del profesional de la salud y su vida está en juego. Hay
que protegerlo y colmar sus expectativas.
Pero no hay
que olvidar que también el profesional debe ser cuidado y valorado,
porque en caso contrario será el Nacho de la historia, y entonces
sucederá que, al abrir la puerta del consultorio, el paciente no
encontrará a nadie que pueda curarlo.
*Este capítulo está
basado en la Tesis de Maestría: “El Síndrome de Burnout en los
profesionales de la salud: posibles repercusiones en la calidad de
atención”. (Universidad Favaloro, 2000).
Prof. Dr. Joel Drutman
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