Educación para la Salud
Calidad con Calidez en Información

 

Alfabetización y Analfabetismo en Salud
Huidas paralelas

Interpretar una factura, descifrar un aviso clasificado, conocer los resultados de exámenes o análisis médicos, atender en forma apropiada a las señales de transito, entender instrucciones de medicamentos: los problemas que enfrentan los analfabetos se multiplican en su día a día. Más aun en tiempos en que la expansión de las nuevas tecnologías y metas como el aprendizaje para toda la vida o la alfabetización informática van dejando atrás a una población tácita, ausente en el progreso

Según un Informe de las Naciones Unidas aún 860 millones de adultos y unos 113 millones de niños en el mundo no tienen acceso a la alfabetización. La enseñanza secundaria en América Latina alcanza un 52 %, mientras que un 12% de la población es analfabeta o sea 40 millones de personas carecen de instrucciones mínimas para valerse en un mundo altamente competitivo. Trasladado al área de la salud esto resulta altamente grave si se considera que cuando una persona acepta recibir asistencia sanitaria de cualquier profesional de la salud igualmente se espera participe adecuadamente en las decisiones que implican los consejos que recibe para sí o para un integrante de su familia.

En 1960, durante la Conferencia Mundial de Educación de Adultos en Montreal, Canadá, se definió al analfabeto como: "la persona que no es capaz de leer ni de escribir, comprendiéndola, una breve y sencilla exposición de hechos relativa a su vida cotidiana".

En Argentina la cifra de analfabetos alcanza el 4%, cifra que parece ingenua pero debería descender aún más; estadísticamente la proporción en el mundo a nivel individual es 1 cada 3 respecto a las mujeres.

Enfocadas en problemáticas globales que insumen atributos de tiempo y beneficios económicos con objetivos ambiguos, las políticas nacionales en general debilitan decisiones primarias como educar en grado básico a sus ciudadanos. Las campañas sanitarias se difunden en posters, afiches, spots publicitarios y emplean cada vez más medios como Internet o la televisión descuidando aquellos puentes como la radio que llegan a la población analfabeta y de hecho, los consumidores también han aumentado más en los espacios del tipo mass media. De igual modo, las grandes marcas de comunicación incursionan cada vez más en productos digitales, analógicos, sofisticados dejando relegados a una población que tan solo parece tener espacio en las tablas estadísticas.

Es evidente que la comunidad especializada (educada) de los países atiende con indiferencia este tipo de asuntos. La comunicación verbal que tiene un gran valor en las consultas ofrece un espacio delimitado y en algunos casos pautado por las administradoras de instituciones, desperdiciándose valiosos momentos para atender inquietudes y dudas que se presentan habitualmente. Los pedidos que surgen de estas consultas, adquisición de medicamentos o solicitud de análisis de laboratorio representan nuevos vacíos para la comprensión de muchos pacientes. Las palabras empleadas en los folletos, la adecuación de los textos y las características de los pacientes hablan de un nuevo tipo de analfabetismo, el funcional, es decir, la capacidad que estos tienen para comprender las explicaciones y cuidados que necesitan y deberían recibir.

Existen numerosos estudios destinados a conocer la legibilidad y entendimiento de la información sanitaria, uno de ellos realizado en hospitales públicos de EU demuestra que el 53,9 % de los pacientes de habla hispana posee una marginal o inadecuada alfabetización en salud, mientras que el Departamento de Salud de Canadá realizó un relevamiento refiriendo que un 53 % de la población adulta mayor de 65 años no está en condiciones de suministrar un medicamento a un niño, revelando un grado de alfabetización similar al provisto en el 6° escolar.

El término de Alfabetización en Salud se utilizó por primera vez en 1974 cuando se manifestó la necesidad de introducir la Educación para la Salud como política social.
La OMS definió la Alfabetización en Salud como aquella “constituida por las habilidades cognitivas y sociales que determinan la motivación y la capacidad de los individuos para acceder a la información, comprenderla y utilizarla, para promover y mantener una buena salud”.En su glosario (1998) dedicado a renovar las definiciones vertidas acerca de la Promoción para la Salud de 1986, sumó a estos criterios la concepción de que la Alfabetización para la Salud supone alcanzar un nivel de conocimientos, habilidades personales y confianza que permiten adoptar medidas que mejoren la salud personal y de la comunidad, mediante un cambio de estilos de vida y de las condiciones personales de vida.

De esta manera, la alfabetización para la salud supone algo más que poder leer un folleto y pedir citas. Mediante el acceso de las personas a la información sanitaria, y su capacidad para utilizarla con eficacia, la alfabetización para la salud es crucial para emponderar la salud. La OMS señala que la alfabetización para la salud depende de niveles más generales de alfabetización. Una baja alfabetización general puede afectar la salud de las personas directamente ya que limita su progreso personal, social y cultural, además de impedir el desarrollo de la población alfabetizada en salud.

Mientras, en el mundo se abre otro movimiento de objetivos ambiciosos y necesarios que procura convertir el aprendizaje en una tarea que comprometa a los Estados y con ellos a empresas, organizaciones, con marcos legales y participación ciudadana plena, entendiendo que los hombres y mujeres deben ser actores capaces de crear su proyecto y su historia, agentes y aprendices en todos los aspectos de la vida. Este movimiento surgido en Europa, auspiciado por la UNESCO dio paso a la Iniciativa Europea del Aprendizaje Continuo y determinaba el aprendizaje como: “el desarrollo del potencial humano mediante un proceso de apoyo permanente que estimula y capacita a las personas para que adquieran todos los conocimientos, las destrezas, los valores y la comprensión que necesitarán a lo largo de su vida y para que las apliquen con seguridad, creatividad y disfrute en todas las funciones, circunstancias y entornos”.

Se entiende que el aprendizaje aquí es concebido más allá del paso formal por la escuela y comprende también las actitudes, destrezas y la experiencia que los individuos van desarrollando mientras aprenden, lo que en Psicología Educativa suele denominarse como conocimientos implícitos, que muchas veces son transmitidos a través de generaciones y no suelen poder llevarse al carácter de manual puesto que los sujetos suelen aprender por observación, organización de secuencias y repetición, como lo hacen para sobrevivir en sus desempeños los analfabetos.

Uno de los principales mentores del Aprendizaje Continuo es Norman Longworth, este autor quien está organizando proyectos torno a la creación de Centros para Ciudades de Aprendizaje, en su último libro repara escasamente en el marco que exhiben los ciudadanos analfabetos, si bien su formidable tarea los contempla en el diseño reparando que “todos los ciudadanos de 0 a 90 años (…) deben contar con las posibilidades de aprender de acuerdo a sus necesidades y con los recursos que posean”. Su inspiradora visión para brindar un alcance global precisa la participación inobjetable de la educación a distancia y el rol indispensable de las nuevas tecnologías.

Es obvio que no le corresponde a Longworth atender a las necesidades ni mejorar los recursos de los menos aventajados en alcanzar los objetivos de las Comunidades de Aprendizaje, pero así como ha surgido con fuerza este proyecto a nivel gubernamental desde 1996 con la celebración del Año Europeo del Aprendizaje Continuo, con la misma vitalidad se deberían propiciar aquellas iniciativas que pudieran mejorar las enormes brechas a la educación más primitiva que las sociedades descuidan día a día.

Merced a diversos estudios destinados a evaluar la comprensión de los pacientes respecto a la información que reciben, se ha llegado a detectar que casi la mitad de estos padecen de lo que se denomina baja alfabetización en salud. A raíz de esto y como favorable base para conocer el grado de alfabetización de los pacientes se ha comenzado a implementar una herramienta sencilla diseñada por el Dr. Barry Weiss un investigador de la Univ. de Arizona cuya denominación es Nuevo Signo Vital. Esta consiste en una evaluación que presenta seis preguntas simples sobre una etiqueta con información nutricional diseñada para el envase de un helado. El tipo y nivel de respuestas le permite al profesional de salud valorar de forma rápida y eficaz las habilidades de un individuo para leer, entender y utilizar la información sobre salud. La versión de este diseño está disponible en español e inglés y su empleo implica unos tres minutos de consulta lo cual lo configura en aporte interesante.

Entre las desventajas en actitudes que asumen los individuos, sumadas a las reconocibles por todos respecto a la escasa funcionalidad en Alfabetización en Salud, se encuentran:

• Errores cometidos en el autocuidado
• Decisiones inadecuadas tomadas por inmigrantes o personas con escaso o ningun nivel de escolaridad
• Inconveniencia en las consecuencias, por internación y cuidados de emergencia
• Búsqueda tardía de condiciones preventivas
• Conflictos originados en la prestación de seguros sociales
• Dificultades para interpretar correctamente los consentimientos informados
• Desconfianza en la provisión de servicios sanitarios originados por desconocimiento o temor
• Riesgos en la dosificación y toma de medicamentos
• Falta de continuidad y concientización en los tratamientos crónicos

Los ítems son demasiados e igualmente graves a la hora de enfrentarlos. No solo involucran un problema económico al incidir en el alto número de hospitalizaciones cometidas por errores o ignorancia de cómo atender situaciones donde la salud se expone a algún grado de riesgo, sino que demarcan las implicancias reveladas por movimientos paralelos que encuentran inválida o escasa interacción, denotando el menoscabo de permanecer fuera de un sistema donde la escolaridad puede ser el medio para incorporar, ayudar a otros y el recurso vital para transmitir conocimientos, experiencias y motivos que permitan participar de una vida más vincular a las personas más desfavorecidas.
Kuan Tzu en el siglo II aconsejaba:

“Cuando planifiques un año, siembra.
Cuando planifiques una década, planta árboles.
Cuando planifiques toda una vida, forma y educa a los hombres”.

Ha pasado demasiado tiempo y aún esta expresión solo parece ser una hermosa pero lejana cita citable.

Prof. Farm. Silvia Chort

Material Consultado:

Informes en Español. Agencia para la Atención y Calidad en Salud. (AHRQ). Abril 2005.

Documentos de la OMS. “Promoción de la Salud. Glosario”. 1998

Longworth Norman “El aprendizaje a lo largo de la vida”. Ed. Paidos. 2003

 

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