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Es un trastorno de origen neurológico
caracterizado por movimientos bruscos que afectan principalmente los
miembros inferiores. Está vinculado a mioclonías, es decir a
contracciones bruscas, breves e involuntarias, que pueden afectar a
un músculo o un grupo de músculos.
Estas alteraciones se originan
generalmente durante el sueño y quienes lo padecen describen
hormigueo, sensación urgente de mover o sacudir sus piernas, golpes
que producen las piernas entre sí, escalofríos, entre otras
manifestaciones.
Epidemiología
Este Síndrome está bajo constante
estudio, las estadísticas muestran que cerca de un 10% de las
personas sufren este trastorno. Según han demostrado las últimas
investigaciones, su prevalencia se presenta en poblaciones cuya edad
supera los 60 años, aunque han aparecido casos en jóvenes y adultos
mayores. Afecta en proporción 2 a 1 a mujeres respecto de los
hombres.
Manifestaciones
Los enfermos del Síndrome de Piernas
Inquietas (SPI) se caracterizan por presentar problemas con el sueño
debido a que la sensación de hormigueos, movimientos bruscos,
desplazamientos y pinchazos en sus miembros inferiores produce una
inmediata interrupción del sueño. Cuando se filman a estos enfermos
en estado de reposo se observan contracciones que se presentan
durante 20 a 30 segundos. Estas sacudidas obligan al paciente a
despertarse y moverse para aliviar estas sensaciones.
Su principal manifestación es el
insomnio. Las sacudidas también pueden ocurrir cuando la persona
está sentada, exteriorizándose este trastorno siempre en forma
involuntaria. La manifestación puede darse igualmente en sus brazos
o manos, aunque en menor medida.
De la mención de estos factores se
deduce que el paciente de SPI tiene disminuida gravemente su calidad
de sueño y calidad de vida.
Causas
Se desconoce su desencadenante, durante
varios años el relato de los pacientes hacia prever un problema
psicológico, pero durante este 2007 se ha descubierto que existen
varios cromosomas implicados en su origen, por lo cual se ha
determinado que existe una predisposición genética.
Se lo ha relacionado también con una
complicación a nivel del sistema dopaminérgico, más específicamente
con una falla para poder almacenar Hierro, lo que provocaría con el
paso del tiempo una hipofunción en la dopamina para establecer sus
funciones.Recientemente se lo ha vinculado a neuropatía periférica,
trastornos de atención e hiperactividad e insuficiencia renal. Pero
es importante saber que el SPI es diferente del Mal de Parkinson.
Entre los desórdenes que provoca puede
mencionarse: problemas de concentración, de ejecución fina de tareas
manuales, cansancio diurno que disminuye la capacidad para conducir
y para efectuar actividades sociales.
Diagnóstico
Se deduce que alrededor del 80% de las
personas que padecen este problema desconocen su origen o lo
atribuyen a situaciones de stress, enfermedades articulares,
calambres o trastornos circulatorios.
Para detectarlo, se puede precisar
mediante:
-
Aumento de manifestaciones en horas
de la tarde o en estado de reposo
-
Parestesias o disestesias (es decir,
percepción dolorosa sin estímulo externo) durante el sueño o en
viajes prolongados.
-
Medición de niveles de ferritina en
suero
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Polisomnografía
-
Registros Electromiográficos
Tratamiento
No
Farmacológico
Constituyen medidas para mejorar el
desempeño diario y aliviar tensiones.
Para ello se aconseja:
-
Controlar los aportes orgánicos de
Hierro
-
Reducir el consumo de alcohol, café
y tabaco
-
Realizar ejercicio físico durante la
tarde
-
Evitar cholocates y cafeína
presentes en bebidas
Farmacológico
Depende del tiempo de manifestación de
los síntomas y de la gravedad de los mismos
-
Tomar bajo control médico,
suplementos en base a complejo Vitaminico B, Calcio y Magnesio
-
Empleo de agentes dopaminérgicos,
sedantes, analgésicos y anticonvulsivantes
Referencia de Fármacos:
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Analgesicos: codeína,
propoxifeno, opioides como oxicodona
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Agentes Dopaminérgicos:
pramipexol, ropirinol y levodopa
-
Anticonvulsivantes:
gabapentina y pregabalina
-
Sedantes: clonazepam
Eps Salud.
Recomendaciones:
Debido a que este trastorno suele ser
confundido con otras enfermedades vinculadas a la psiquis, a las
apneas o stress, aconsejamos que ante una sospecha de concurrencia
de signos, realice una consulta médica para valorar su diagnóstico
correcto.
La falta de difusión de esta enfermedad
contribuye a que miles de personas no puedan tener un sueño
reparador y a que por sus episodios crónicos de insomnio se
encuentren medicadas en forma errónea.
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