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Acerca
del dolor en los bebés.
“De
modo que ella, sentada con los ojos cerrados, casi creía en el País
de las Maravillas, aunque sabía que tenían que abrirlos para que
todo se transformara en obtusa realidad”.
Lewis Carroll, “Alicia en el País de las
Maravillas”.
Hasta no hace pocos años las niñas jugaban a ser madres de pequeños
muñecos-bebés con los cuales se deleitaban en sus juegos de mamá, a
ponerse en escena identificándose con ella, de algún modo se
representaban como niñas- madres - bebés al desdoblarse en la escena
lúdica. El espacio de ficción estaba garantizado y construido en ese
universo infantil que el propio niño al jugar exploraba creando, y
de este modo, iba configurando su universo representacional al
escenificarlo.
¿Pero qué escenarios nos ofrece hoy la modernidad y qué juguetes la
representan?
En
las jugueterías, los juguetes están ordenados de acuerdo a cada
edad cronológica y en algunos casos en función de los estadios del
desarrollo (los que pertenecen al “sensorio- motor” al pre-operatorio
etc.). Clasificados, homologados y uniformizados para cada edad de
acuerdo a su supuesto desarrollo hay un “objeto –juguete” ideal con
el cual el niño tiene que hacer lo que debe y consumirlo.
La
modernidad ubica al niño como un objeto de consumo globalizado en sí
mismo para el cual se fabrican miles de productos que la infancia se
encarga (fiel a lo propuesto) de consumir en serie.
Uno
de estos objetos modernos acaba de cumplir exactamente cuarenta
años, nos referimos a las muñecas Barbies, que fueron presentadas
al mercado en el año 1959.Este modelo adulto y bello de muñeca, se
ha transformado en el paradigma del juguete de la modernidad, con
todos sus accesorios, vestimenta, mochila, cartuchera, lápices,
perfumes y atributos femeninos ideales (cuerpo e imagen
perfecta).(1)
Barbie tenía una predecesora: la “play girl” Lilli, una muñeca
alemana destinada al consumo sexual de hombres adultos que se
adquiría fácilmente en bares y estancos. La empresa Mattel compró
los derechos sobre la muñeca Lilli a la empresa Hauser y sepultó
para siempre la historia de la “play girl”, la otra escena de
Barbie.
Barbie, ideal de consumo y modernidad, es la muñeca más famosa del
mundo, que por supuesto muchas niñas intentan imitar o al menos
asemejarse a ella como modelo corporal- ideal a alcanzar. Ser igual
a la muñeca más soñada por los adultos, la más promocionada y
perfeccionada por ellos, es una imagen inalcanzable. Este ideal
imposible para una niña no sólo la ubica en una posición que la
anticipa a su tiempo y desarrollo sino que la equipara cada vez más
a una mujer adulta.
La
Barbie como representación icónica de la modernidad nos permite
pensar la infancia como objeto a consumir dentro del mercado global.
El tiempo del niño es organizado progresivamente con mayor cantidad
de actividades, consignas, propuestas y juguetes ya determinados,
especificados y clasificados previamente para el consumo, de acuerdo
a un ideal adulto que, para el pequeño, resulta imposible
aprehender.
No
hemos visto nunca una Barbie que llore, que sienta dolor, que tenga
defectos o tan siquiera padre, abuelos, o una cierta genealogía;
tampoco hemos visto a ningún super-héroe de la modernidad (como por
ejemplo: Rambo) sentir dolor o sufrir con su cuerpo. O sea, son
modelos estereotipados que no sienten, están para ser consumidos y
generar esa imagen ideal sin sensibilidad. Se ven muertes, sangre,
pedazos de cuerpo pero sin dolor. Rambo, Barbie, reflejan un nuevo
espejo moderno para el niño, donde el dolor y la singularidad no
existen. Al reflejarse en ellos los niños crean una imagen escindida
de la sensibilidad, que los remite nuevamente a continuar
consumiéndola sin sentirla.
Cabría entonces volver a las primeras sensaciones del bebé y
reflexionar acerca de cómo construyen ellos la sensibilidad, por
ejemplo, al dolor. ¿ qué siente un bebé frente al dolor? ¿Cómo se
articula el dolor en su imagen?
El interrogante resulta pertinente ya que hasta hace
relativamente pocos años se suponía que el dolor se transmitía por
ciertas fibras nerviosas que no estaban presentes en el recién
nacido o en el prematuro. De hecho se practicaban intervenciones
menores de cirugía infantil “sin anestesia” (hernias inguinales,
estenosis del píloro, circuncisión). Estudios posteriores
concluyeron que incluso los niños más prematuros eran sensibles al
dolor. Frente a las sensaciones dolorosas, el adulto dispone de
sistemas defensivos que el bebé todavía no posee, por ejemplo el
sistema inhibitorio del influjo propioceptivo y principalmente la
secreción de endorfinas (especie de morfina natural). En el lactante
este sistema inhibidor endorfínico es poco funcional, pues los
receptores de endorfinas son poco numerosos en el nacimiento y se
conforman progresivamente en su maduración.
Desde el punto de vista médico hay ciertos signos físicos que
pueden detectarse como indicadores de dolor: aumento de la
frecuencia respiratoria, dilatación de las pupilas, aceleración del
pulso, elevación de la tensión arterial, atonía psicomotriz,
lentitud o falta de movimientos, irritabilidad tensional, entre
otros.
Estos signos de dolor son muy poco específicos y ,como los
lactantes no pueden hablar, los pediatras centran su atención en los
registros de la madre o de los familiares más próximos, pues
afirman:”no hay nadie que conozca los niños mejor”. Podríamos
agregar que es a través de la relación con el Otro que el pediatra
podrá referenciar estos índices como el dolor corporal en el bebé.
Por el grado de indefensión con que nace el niño la defensa ante el
dolor corporal pasará por el campo del Otro, que es quien conformará
la imagen corporal desde donde el infans podrá sostenerse.
Es al Otro materno a quien primero le dolerá el dolor del bebé,
de allí que en una primera instancia el dolor del niño pasará por el
dolor que interpretará y decodificará el Otro como si fuera él. La
madre siente el dolor del bebé como propio y es desde su dolor que
decodificará el del niño.
El dolor nace así de ese encuentro de la sensibilidad naciente
del pequeño con el afecto materno, que referencia e incluye el dolor
del niño en un marco simbólico.
El bebé no puede comprender el dolor como dolor en sí, pues no
se ha constituido todavía su imagen y esquema corporal para
referenciarlo a sí mismo. Para hacerlo tendrá que poder afirmar: “me
duele”, o sea, constituir una imagen corporal desde donde
reconocerse y diferenciarse del Otro.
En este trayecto el niño pasará del “me duele”materno al “me
duele a mí”, donde finalmente llegará a conjugarse su sensibilidad,
propioceptiva interoceptiva y cenestésica, en la imagen corporal de
sí, conformando su imaginario ‘”yo” y con él la posibilidad del
registro corporal del dolor.
A partir de su imagen, el niño podrá percibir el dolor como
una cierta exterioridad-incomodidad, como una extrañeza de sí mismo
que invade su cuerpo-imagen. Será entonces él quien demandará al
Otro ayuda para calmar su dolor, que de este modo nunca será solo
corporal, ya que anudará la dimensión de existencia propia de un
sujeto y enmarcará a la vez la diferencia entre su cuerpo y el del
Otro.
En un primer momento el niño incorpora el registro del dolor
del Otro, que le otorga un sentido posible a la vivencia corporal.
Es la madre quien supone el dolor del bebé a través del suyo. Sólo
en un segundo momento el pequeño re-significará ese dolor como
propio. El tiene dolor, por lo tanto, no es el dolor, sino que lo
tiene porque su madre lo ha nombrado como tal y él se lo ha
apropiado e incorporado como referencia corpórea de sí. Se
sitúan así dos tiempos lógicos del registro, la apropiación, la
incorporación y resignificación del dolor; durante la temporalidad
instituyente y constituyente de la infancia.
El primer tiempo podríamos denominarlo tiempo en espera, ya que
depende del supuesto materno (campo del Otro) acerca del cuerpo y el
dolor de su bebé. El segundo tiempo será el de la resignificación,
siempre y cuando haya incorporado la vivencia de dolor como
inscripción significante de su cuerpo, lo que finalmente le
posibilitará re-conocerse y acceder a sus representaciones.
El funcionamiento parental y del hijo conforman un escenario
donde la puesta en escena del dolor corporal,como experiencia
subjetivante, por un lado los complementa (uno hace del otro su
suplemento) y por otro lado a la vez los separa diferenciándolos,
extraño espejo que se desdobla a sí mismo en múltiples escenas
estructurantes.
El
sentido de dolor reverbera, resuena y vibra tanto en el niño como en
la madre, siempre y cuando ella no sea una Barbie y se deje
desbordar por su hijo más allá de su imagen, en un escenario de
ficción que al ponerse en juego abra el campo de la representación y
el placer en la escena que culminará representándolo.
Lic. Esteban
Levin
Barbie fue inventada por una mujer, Ruth Mandler, co-fundadora de la
compañía Mattel, cuya hija se llamaba Bárbara. Las proporciones
físicas de la muñeca son (por suerte) imposibles de imitar, aunque
muchas niñas-mujeres “viven” intentándolo. Tal es el caso de Cindy
Jackson, quien ya pasó por más de 20 operaciones estéticas para
procurar ser lo más parecida a Barbie (con un gasto aproximado de
más de cincuenta y cinco mil dólares). El CD Rom “Barbie diseña
contigo”es un programa donde la muñeca desfila en la pantalla de la
computadora y la niña puede vestirla de acuerdo a la última moda”.
La multinacional Mattel exporta sus miles de productos en más de 140
países.
Las
derivaciones son múltiples y las ventas alcanzan proporciones
inimaginables para una muñeca tridimensional de 30 centímetros,
transformada en caricatura y fiel representante de lo que la
modenidad ofrece a la infancia.
Bibliografía:
Calligaris,
Contardio: “Crónicas do individualismo cotidiano” Edit. Atica, San
Pablo, 1996.
Freud S.: “Inhibición, síntoma y angustia” en Obras Completas,
Amorrortu, Bs. As., 1986.
Revista de Occidente, “el dolor”, Madrid, 1978.
Levin,
E.: “La infancia en escena: constitución del sujeto y desarrollo
psicomotor”. Edit. Nueva visión, Bs. As., 1995.
Winnocott,
D.:”Escritos de pediatría y psicoanálisis”. Edit. Laila, Barcelona,
1979.
El
Lic. Esteban Levin es psicomotricista, psicólogo (psicoanalista),
profesor de Educación Física, director de la Escuela de Formación en
Clínica Psicomotriz, docente de la facultad de Psicología (UBA),
profesor de la Universidad de Barcelona del Master en
Psicomotricidad Terapéutica, profesor de la Universidad Federal de
Fortaleza (Brasil).
Autor de los libros: “La Clínica Psicomotriz, el cuerpo en el
lenguaje”; “La infancia en escena: constitución del sujeto y
desarrollo psicomotor” y “La función del hijo, espejos y laberintos
de la infancia”, los tres de Editorial Nueva visión.
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